martes, 11 de agosto de 2015

JUVENTUD DE ULISES

Es la primera vez que un libro me pide hacerle música, y música sin palabras; extraño y maravilloso y generoso por su parte, ya que las palabras de Álvaro Cunqueiro tienen su propia música.

No era necesario hacerlo porque sólo hay dos cosas necesarias: el pan y el agua. Y tal como dijo Cunqueiro, la lengua tiene que saber a pan. 


Y Las mocedades de Ulises sabe a pan. De centeno y de trigo; y sabe a vino del que enciende el fuego de una buena historia contada junto a la hoguera en una playa nocturna.


Cunqueiro es un autor universal en dos lenguas. Inabarcable en su arte y su imaginación, despliega una Arcadia antigua y nueva a la vez; sus paisajes y sus voces parecen estar al alcance de la mano, a la vez que se impone la sensación de estar recordando un mundo irrecuperable. Miramos el mundo junto al joven Ulises a través de un caleidoscopio cuya luz se desgrana en mariposas de mil colores, que se van y dejan el poso de una plácida melancolía.


Ulises es Ulises y no lo es: conoce la historia del héroe antiguo pero escapa de las garras de la identidad y del tiempo. Está aprendiendo a ser fecundo en ardides y está enamorado de la hermosa mentira.


En la canción “Juventud de Ulises” me dejo llevar, mecido por las olas de este libro que es un sueño, y en mi temeridad remedo las palabras y la historia de Cunqueiro. Consciente de semejante atrevimiento, quiero pensar que es una historia que oí junto al fuego y que ahora quiero a mi vez contar entusiasmado, con el sentimiento que tal vez despertó en el joven Homero aquella historia de un héroe que volvía a casa cuando la oyó por primera vez de boca de un viejo rapsoda. Y el mundo vuelve a empezar.


“Alción, no hay tiempo ni lugar, solamente hay música.”



https://javierferreiros.bandcamp.com/album/juventud-de-ulises

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